El primer gran dilema de mi vida: ¿qué estudio?

Recién finalizados mis estudios en el Instituto Kursaal, con los 20 años ya cumplidos y lamentándome cada día de los dos cursos perdidos por repetir tercero de BUP y COU, llega uno de los primeros dilemas de mi vida: ¿qué estudio?, ¿Química?, ¿Periodismo?… no, ¡Magisterio! Aún recuerdo la cara de mis padres cuando les dije que me quedaba aquí y que me matriculaba en La Línea. 

“¡Si tú nunca me has dicho nada de Magisterio!”, exclamaba mi padre, que, al mismo tiempo, suspiraba porque ya casi se había hecho a la idea de que me iba fuera. 

La razón estaba clara, mi abuela materna, que vivía con nosotros, estaba más que pachucha y no me hacía la idea de un diario sin ella y que en algún momento me llamaran para decirme que estaba peor, como así ocurriría sólo unos meses más tarde, que fue cuando tristemente falleció.

Mis inicios en la Escuela ‘Virgen de Europa’ fue fulgurante. Nada más empezar, conocí y me enamoré de la mujer de mi vida, la que me ha dado a mis dos hijas y me sigue aguantando con el mismo amor de aquel diciembre de 1997, que es cuando comenzamos a salir, de ahí que guarde inmejorables recuerdos de La Línea y esos primeros paseos de su mano por las calles del centro. 

Ciertamente, de esta carrera me quedo con ella, con Caro, y con la legión de compañeros que aún hoy recuerdo con cariño y añoranza, sólo eso, ya que la experiencia me sirvió de poco de cara a mi devenir laboral. 

Sí que me gustó el bagaje adquirido en las prácticas, el primer año en el colegio Nuestra Señora de Europa, en Los Pastores, y los otros dos en San García, el cole de mis hijas, ¡quién lo diría!

Especialmente orgulloso me siento de mi paso por el primero. Su director, Juan Vinuesa, me dio carta libre para poder montar una sala estilo gimnasio con el material enviado desde la Junta de Andalucía y que estaba almacenado en el centro desde hacía varios años. Recuerdo con alegría las caras de los más pequeños – también las de los mayores- cuando la entonces concejala de Educación del Ayuntamiento de Algeciras, Águeda Cruz, realizó una visita para inaugurarlo, aunque me la perdiera por culpa de la gripe. Aún hoy paso por allí muy de vez en cuando y me pregunto qué quedará de él. 

Las prácticas en San García también me dejaron un poso muy positivo, tratando con gente maravillosa y que, posteriormente, por cosas del destino, he conocido un poco más al ser compañeros de mi mujer, como el caso del entrañable Juanjo, recientemente jubilado. 

Pero tenía claro que lo de la docencia no iba mucho conmigo, sobre todo eso de jugártelo todo a las cartas de las oposiciones, así que opté por seguir descubriendo el apasionante mundo de la comunicación a través del micrófono. 

Juntos, recientemente, en la puerta del lugar que nos cambió la vida
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