Acabé cayendo en la red de redes

Hasta de las peores experiencias se debe sacar una lectura positiva, aunque el que me conoce sabe que soy tremendamente pesimista, sobre todo cuando el asunto en cuestión me atañe a mí solo. 

Estando en desempleo, que ha sido una de las etapas de mi vida más desagradables, aproveché para valorar muchas cosas del día a día que pasaban desapercibidas por la rutina, pero que luego echas mucho de menos en el momento que dejas de hacerlo, como algo tan simple como compartir un café con un compañero y contarle cualquier asunto personal para que pueda echarme una mano o viceversa. 

En este año y medio largo, me refugié en mi familia y amigos, pero también necesitaba relacionarme con más gente y encontré en el CADE (Centro Andaluz de Emprendimiento) el lugar propicio. Prácticamente cada dos semanas lanzaban todo tipo de cursos y solía coincidir con gente de otras veces, por lo que se hacían hasta más amenos. No sé si llegué a hacer más de 10, pero aquello me servía de vía de escape y para conocer proyectos e inquetudes de compañeros o las principales novedades sobre las tendencias de aquel momento. En este aspecto, todos los caminos conducían a la digitalización, internet y más internet, contando con los primeros escarceos de redes sociales como Messenger o Tuenti, que ahora suenan a algo muy lejano y antiguo, pero que en aquel momento eran referencia. 

Aquello me despertó el interés de profundizar en algo que sonaba muy rimbombante y ahora se antoja crucial en cualquier empresa media que se precie: la figura del community manager. Pues por ahí me dio. Me atriculé y, tras 500 largas horas, pude acabar el curso y saber muy bien los derroteros de un perfil profesional que está en constante actualización y que me ha permitido conocer mucho mundo a través de los teclados. 

Gracias a esto he podido gestionar algunas cuentas de negocios particulares y ligarlo a los periódicos digitales en los que he trabajado, haciendo un binomio crucial en la comunicación actual. 

TE COMO ALGECIRAS

Cuando terminé el curso, los alumnos mantuvimos durante un tiempo los foros activos y allí cada uno iba contando sus batallas en esta profesión que había irrumpido con fuerza. En uno de los muchos comentarios, varios cuentan que se están dedicando a diseñar aplicaciones móviles, otro formato novedoso y que está calando muy bien en la población. Pues allí voy y me dedico en cuerpo y alma, mañana, tarde y noche a poner en marcha la mía. 

Tenía claro desde el primer momento que debía enfocarlo a la creación de una guía que se pusiera al servicio de la ciudadanía y qué mejor que una app en la que se recogiera el mayor número de establecimientos de la zona para comer, ya fuera en su propio local o que dispusiera de comida para llevar. Así nació Te como Algeciras. 

Tras lanzarla y concretar algunos de los primeros clientes, veo que en redes sociales está contando con un buen seguimiento y me ilusiono porque entiendo que puede funcionar: mi gozo en un pozo. Al poco tiempo, la espalda me obliga a parar mi vida y acumulo los cinco peores meses que recuerdo, con dolores insoportables a cada instante y un sinvivir continuo, no sólo para mí, también para mi gente. Las hernías me llevan a pasar por el quirófano, por lo que no llego a comercializarla y un proyecto en el que tenía puestas muchas esperanzas termina yéndose al garete. 

Aún hoy me he planteado retomarlo, aunque con otra gente que pueda dedicarse al tema comercial, puesto me he demostrado en tres ocasiones, que definitivamente no es lo mío. 

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